en clase de Filosofía.
El tiempo teje un vestidito de encajes blanco
al compás de los chistes de Doña Isabel.
Yo sigo aquí,
encerrado en mi propia calavera.
Me pregunto si estoy loco
y respondemos más de uno a la vez.
Aquí en clase...
acurrucado contra la pared,
esperando un mísero rayo de sol
en la penumbra, como un lagarto.
¿Soy real?
No sé si corre sangre por mis venas.
Tal vez si muero desparezco.
Tal vez fui alguien que ya murió,
tal vez nunca llegué a nacer,
pues no lo recuerdo.
¡Ay, recuerdo que una vez quise!
Recuerdo, sí.
La muerte es lo único que confirma la vida.
Esperaré pues,
tener a la muerte delante
para sentirme, por lo menos,
más vivo que antes.
Recuerdo...
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